CICLO MENSTRUAL (II)
(III) POR QUÉ OBSERVAR TU SANGRE MENSTRUAL NO
DEBERÍA SER VERGONZOSO
Nuestra herencia cultural ha hecho, entre otras muchas
maldades, que vivamos en total desconexión con nuestro ciclo menstrual. Si cada
vez que sales de casa debes ocultar algo llega un momento en que también lo
haces mientras no sales. ¿Alguna vez has mirado, olido o tocado tu sangre
menstrual? Ya has visto que no es ningún residuo (no, no es como tocar la
orina, que sé que lo estás pensando). Te diré, por si no lo sabes, que la regla
es frecuentemente totalmente inolora. ¡Sorpresa: lo que huele son las compresas
y tampones que llenan de tóxicos tu vagina y tu vulva! Te diré también que no
se te cae ningún dedo por tocarla y los ojos por mirarla tampoco. Es más: debes
observar tu regla.
Piensa que la menstruación es un mensaje mensual que tu
cuerpo te envía. Tu menstruación no es la única que cicla sino que también lo
hacen el resto de órganos y sistemas de tu cuerpo, y una alteración puede ser
indicador de un estado de salud biológico, mental, social y medioambiental. No
es difícil que hayas notado que el estrés ha retrasado tu menstruación, la
ingestión de la píldora anticonceptiva de emergencia (“del día después”) o un
proceso de duelo. Tu contexto, tu alimentación, tu sueño, tus relaciones
personales y un largo etcétera se manifiestan en tu menstruación: si aprendes a
escucharla, aprenderás a escuchar tus ritmos, deseos y necesidades.
Los sistemas culturales y políticos en los que vivimos te
quieren lejos de tus ritmos porque no son los ritmos productivos que exige
nuestro tan criticado pero sustentado sistema económico capitalista. Querer
producir y consumir homogéneamente todos los días no es compatible con una
vivencia saludable del ciclo menstrual porque, entre otras, te pide frenar.
Todas estamos sujetas a este escenario pero observar tu regla, como primer
paso, hará que no lo estés completamente. Conecta con tu cuerpo a través de tu
sangre menstrual igual que lo haces cuando eliges un corte de pelo, te
masturbas o escribes un diario por las noches.
¿Qué dos elementos de la sangre menstrual me parecen especialmente
relevantes?
1. La cantidad: la cantidad de sangres que expulses
depende de cada cuerpo pero tanto si consideras que sangras mucho como si
consideras que sangras poco te recomiendo ir a un profesional ya que, como te
he dicho, tu cuerpo te está mandando un mensaje.
- ¿Cómo sé que sangro mucho? Es lo que llamamos menorragias. Si tu sangre consigue traspasar tu ropa incluso llevando compresas, tampones o copa menstrual, si sangras igual de abundante el primer, segundo y tercer día de regla que el quinto y sexto o si no puedes salir de casa significa que tienes una regla abundante. Puede ser consecuencia de una enfermedad conocida como adenomiosis y causa de anemia. La presencia de abundantes coágulos puede ser un signo de alarma también. No es necesario alarmarse: aprende a escucharte y a interpretar qué puede estar pasando, cambia tu alimentación, haz ejercicio y, sobre todo, ve al médico.
- ¿Cómo sé que sangro poco? Es lo que conocemos como oligoamenorrea. Son menstruaciones escasas que se presentan cada mes y medio o incluso cada dos o tres meses. Como ya he dicho, tu menstruación es sinónimo de salud y si tu menstruación no aparece por ningún lado algo está pasando.
2. El color: al igual que sabemos que si nos sale
sangre de color negro al hacernos un corte en la pierna debemos preguntarnos
qué está ocurriendo y solicitar un diagnóstico médico, debemos hacer
exactamente lo mismo con nuestra menstruación. No ignores el color de tu sangre
(como tampoco deberías ignorar el color, densidad y olor de tu lubricación)
porque estás ignorando tu salud.
(IV) POR QUÉ TU CICLO MENSTRUAL TE ACOMPAÑA
TODA TU VIDA
Al igual que sabes ya que tu ciclo menstrual no solo está
presente durante el sangrado sino que lo está durante todo el mes, tampoco es
cierto que solo esté durante los años fértiles o durante los años en los que
sangras: tu ciclo menstrual te acompaña toda la vida. La maternidad y la
menopausia también forman parte del ciclo menstrual y son dos de las etapas más
explosivas a nivel sexual de las personas con capacidad gestante y menstruante
(y con “a nivel sexual” no me refiero, por supuesto, a deseo sexual de
relaciones heterosexuales penetrativas exclusivamente).
La maternidad y la menopausia no son etapas asexuales, las
mujeres no dejamos de expandirnos a nivel sexual porque seamos madres o dejemos
de sangrar. Tampoco dejamos de ser mujeres (por esto de que cuando empezamos a
sangrar, empezamos a ser mujeres también). Pero esto no cabe hablarlo ahora.
(V) POR QUÉ EL JABÓN ES TU MAYOR ENEMIGO
Ni tu vagina ni tu vulva están sucias. Crecemos tratando de
disimular su olor o incluso su aspecto y esto, a mi juicio, es una estrategia
más cuyo objeto es la sujeción de las mujeres: estar pendientes de oler a rosas
del bosque exige que rechacemos nuestro cuerpo tal y como huele, que tratemos
de disimularlo, que vayamos a recibir sexo oral y estemos más pendientes de “no
oler mal” que de nuestro placer. No permitas que te digan que tu vulva y vagina
necesitan limpieza continua a través de productos específicos porque
No
Es
Verdad (se llama Patriarcado, con mayúscula).
La mayoría de ginecólogos y ginecólogas desaconseja
totalmente los jabones, geles íntimos y demás productos catalogados como de
“higiene íntima”. Tu vulva no necesita de geles, toallitas, duchas agresivas,
desodorantes, perfumes y mucho menos maquillaje. Aunque tengan un pH
específico, no son necesarios: alteran tu pH vaginal (y el del periné) ya que
eliminan su protección natural, aumentan el riesgo de infecciones, de
irritación y pueden causar sequedad extrema. Es más, hay un estudio en el que
se analizaron los hábitos de adolescentes sexualmente activas, cincuenta de las
cuales usaban duchas vaginales periódicas y adquirierons más rápidamente
infecciones de transmisión sexual (ITS): el riesgo de adquirir una ITS era 1,8
veces mayor en las participantes que usaban duchas vaginales y 1,4 veces mayor
en las que lo hacían de forma intermitente que en las que no lo hacían nunca.
Usar productos de “higiene íntima” pone en riesgo vuestra salud.
La vagina cuenta con sus propios mecanismos de autolimpieza
y protección lo que impide que tu vulva está sucia: las vulvas huelen y huelen
a lo que son: vulvas, ni más ni menos; igual que los penes huelen a penes, y no
veo a la sociedad tan preocupada por disimular el olor de los penes porque...
¿acaso existen productos de higiene íntima para los penes? Vaya, sorpresa de
nuevo.
Que nos hagan creer que nuestra vulva está sucia es
violencia obstétrica, violencia de la que por cierto sacan beneficios con
nuestra compra de los productos que nos ayudan a TOLERAR nuestro olor natural.
{Continuará...}
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