Llamémoslo (humildemente) antología poética (II) de un vacío lleno
(i) Correas
Me miro al espejo, desnuda
los cánones de belleza
la mirada masculina, que se vuelve mía
la cultura que impone lo excitable
se convierten en mi vestido
cuando miro yo, miran ellos
nuestras miradas solo tienen dos ojos
Yo soy cánones de belleza
Yo soy mirada masculina
Yo soy cultura que impone lo excitable
Se convierten en aquello que me hace hábil para celar
Me miro y mi mirada se convierte en juez
en juez cuya ley son los cánones de belleza
en juez cuya mirada es masculina
en juez cuya cultura impone lo excitable
¿Puedes mirar dentro?
Solo miras tu disfraz y en él te juzgas
¿Piensas, acaso, que allí te encontrarás?
Desnúdate y acepta quién eres
(ii) Poesía pausada
Sangre que camina
a mi través
Relato tornado en coágulo
Discípula de tu verbo
que en ti emana como doxa
y en mí como dogma
Sierva sinergética de tu vibración
que en mi boca luce poesía
Mi cuerpo está lleno de poetisas
que regalan,
sobre vuestras almas hechas sonido,
versos
allí donde solo había
ruido
Tengo el cuerpo lleno de poetisas
que tejieron,
sobre vuestros cuerpos siendo cuerpos
ficciones con sabor a azúcar
allí donde solo había
sal
Soy un oxímoron coagulado que pretende hacer de sí misma poesía pausada
(iii) la prisa me apresa
Huida horizontal
perpendicular a ti
que me atraviesas
abriendo en mí rutas ya rotas
que me tornan paciente
de mi ser hecho catálisis
Energía cíclica
desecha en espirales descendentes
diseminadoras de mi espíritu
gestantes de ruido y prisa
incompatibles
con la vida contemplativa
Escenario maniqueo
que nos disfraza de raíces
y solo expande eco
Búsqueda tóxica del amor
que persigo a pesar de mí
y solo sabe a hielo
¿Cómo respiro la poesía pausada?
que me viole mi cuerpo desnudo
que me rompa el corazón mi sombra
que me lloren mis circuitos obsesos
que inicie el duelo
mi muerte
(iv)
Mujeres,
recogemos el dolor de nuestras madres
y lo vivimos como propio
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