prisión(era) soy


Que inicie nuestra muerte 

el duelo 


Nos invento con las pestañas perpendiculares a la Tierra y el alma en dos mitades. Nuestra frontera es ácida y desagradable, como comerse una naranja después de lavarse los dientes. 

Trazo bocetos de nuestro dolor habitándose metastásico, diseminándose al calor de tus ofensas, coloreo nuestros cuerpos amurando y recorto nuestra voz hasta dejarla 

silenciosa 

marchita 

como las flores del jardín que cortaremos cuando vivamos en nuestra casa de la playa. 


¿Cómo puede un cuerpo irse y un alma quedarse? 


Colecciono nostalgias de recuerdos que moran 

reminiscentes 

en mi imaginación ansiosa que cesa en transformar mi horizontal mirada en una jerarquía que me asfixia 

y no me despiertan del sueño en el que no puedo parar de verte. 


Tengo el cuerpo lleno de poetisas, a tu servicio. No paran de narrarte, de sumar comas donde mi alerta dice que haya puntos y finales. Y finales. Y el final. Tengo el cuerpo lleno de poetisas corruptas que solo ponen garganta en la vida, que construyen exilios indecentes por ser injustos y expresan queja ante mi alma sintiente 

por antojárseles engrandecida y dramática. 

Tengo el cuerpo lleno de poetisas dadoras de alivio y correas que callan con negligencia la sintaxis

de nuestra muerte. 


¿Cómo puede un cuerpo irse y un alma quedarse? 


Anoche, mientras seguía inventándonos bajo la luz de una lámpara barata y presa de la estrechez de la falda que vestía, te encontré 

qué sorpresa, pensarás 

Estábamos un papel, un lápiz, mi alma y mi dolor. Y saliste. Te prometo que no estoy loca (probablemente solo rota) al escribir: 


“Huida horizontal 

perpendicular a ti 

que me atraviesas 

abriendo en mí rutas ya rotas 

que me tornan paciente 

de mi ser hecho catálisis”


Encontré tu cólera, que es lo mismo que encontrarte a ti. Me vestí con ella, acelerándome, para partir

a nuestra casa de la playa en la que cortaremos flores algún día. 


Desde hace tiempo conozco mi ciclicidad hecha pelea y victimaria de mí misma  

mi exigencia disociativa que me permite olvidar aquel día en que me violaron 

mi energía que desciende en espirales punzantes y asesinan tu mano en mi culo en el metro 

Desde hace tiempo conozco tus embestidas displacenteras analgésicas de mí 

tus espaldas militares que me protegen de la libertad 

tus pies en la vía pública que no caminan sino fronterizan 


¿Cómo puede un cuerpo irse y un alma quedarse? 


Tu violencia me aparta de mis carnes 

de mi ciudad 

de mis ciclos naturales.


Nos invento con las pestañas perpendiculares a la Tierra y el alma en dos mitades. Mi dolor, mi imaginación y mi memoria nos retienen. Mi creatividad al servicio de la esclavitud de tus golpes. He trazado amistad con tu violencia y cada noche 

bajo la luz de una lámpara barata 

y presa de la estrechez de mi falda (que tanto te gustaba)

nos narro exclusivamente desde la vida 


que he conocido.

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